Agregados culturales: ¿cuotas por amiguismo?

En nuestro país, el puesto de agregado cultural y de prensa es uno de los nombramientos públicos menos publicitado en los medios. Ello, hasta que se nombra a algún o alguna representante del mundo de la Televisión que causa un gran ruido en la ciudadanía.

A propósito de Alejandro Chávez (“Chavito”), el nombre elegido como representante de la cultura de Chile en Ecuador, se ha generado y abierto un debate importante en el acontecer nacional que es muy bien recibido por los gestores culturales,  respecto de la forma en que se nominan los cargos que influyen en la proyección e intercambio internacional de nuestra lengua, artistas y expresiones culturales, así como la política de comunicación y difusión de Chile en el país donde se ejerza la función.

¿Cuoteo o amiguismo? Si bien se ha criticado mucho esta forma de operar  en el pasado, el actual gobierno no quedó atrás de esta práctica, sin cumplir su propósito de cambiar el switch y poner un atajo en la mesa de negociaciones, exigiendo profesionales de los cargos, sean o no de confianza de las autoridades de turno.

En palabras del actual Presidente, durante la campaña “La cultura no puede restringirse sólo a los paneles de expertos, a quienes por cierto agradecemos el valioso apoyo que seguirán brindando”.  Difundir la cultura en el exterior va de la mano de la imagen país, por lo que es todo un desafío definir el perfil de un agregado de cultura, el cual han ejercido principalmente escritores e intelectuales.

En Chile intelectuales quedan pocos y los recambios son buenos. A las nominaciones de agregados culturales se han ligado profesionales y gestores del mundo de las artes visuales,  escénicas, audiovisuales, música, letras, gestión cultural y funcionarios de carrera de la cancillería en el área. Ellos han enaltecido las relaciones e intercambios culturales, proyectando una gran imagen en los lugares designados y logrando importantes acuerdos para dar a conocer a nuestros artistas, escritores, pintores, nuestras raíces y patrimonio nacional.

No se debe menospreciar a la cultura y los que la hacen, ya que esta área representa en Chile el 1.3 del PIB, convirtiéndola en un sector prioritario para las políticas e instrumentos del Estado. Al realizar una gestión cultural y difusión de calidad en las misiones en el exterior, se posibilita un aumento de estas cifras e innumerables beneficios.

De esta forma, la “cultura”, a veces vapuleada como una explosión de eventos, hoy vive una crisis que traspasa las ideologías políticas. Es en ese entorno donde se deben aunar criterios, ya que es la que mejor representa la idiosincrasia chilena por ser el reflejo del pueblo. Escoger a sus representantes no debe pasar por cuoteos o amiguismo.

Sobre todo, son las competencias las que deben primar a la hora de enviar y escoger a un profesional a un cargo tan importante, que es parte de las relaciones internacionales y económicas, tanto para el país como para sus creadores.

Columna Publicada en El Quinto Poder 2 Agosto de 2010

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